El Tren de las 3:10 (3:10 to Yuma)

•Septiembre 18, 2008 • Dejar un comentario

 

“Remind me never to play poker in this town.”

Por fin he podido ver El Tren de las 3:10, y por suerte ha sido en pantalla grande, aunque con un año de retraso desde su estreno en los EEUU. Dejando atrás este vergonzoso maltrato a una película brillante protagonizada por grandes actores, lo mejor será centrarse en el argumento en si: Ben Wade (Russell Crowe) es el famoso cabecilla de una temida banda de forajidos. Tras su último (y espectacular) atraco a una diligencia propiedad del ferrocarril llega a Bisbee, donde es capturado para sorpresa de todo el mundo. Es allí donde su camino se cruza con Dan Evans (Christian Bale), un honrado granjero con esposa e hijos que alimentar y serios problemas económicos. Los responsables del ferrocarril buscan voluntarios para llevar al peligroso forajido a Contention y subirlo en el tren de las 3:10 hacia Yuma, donde será juzgado por sus numerosos crímenes y seguramente colgado de la horca. Evans ve en ese ofrecimiento la última posibilidad desesperada de salvar su propiedad y su maltrecho orgullo, por lo que acepta el encargo por 200 míseros dólares (una cantidad que se irá viendo a lo largo del film). Ahora bien, el segundo de la banda de Wade, Charlie Prince (un sádico y genial Ben Foster) descubre todo el pastel y reúne a sus compañeros con la intención de liberar al jefe antes de las 3:10, dejando tras de si un reguero de sangre.

Aquí tenemos un western como la copa de un pino. James Mangold (CopLand, En la Cuerda Floja) se arriesgó mucho rodando una nueva versión de un film perteneciente a un género que ha conocido épocas mejores. Ahora bien, el tópico western se convierte en la excusa perfecta para un magnífico duelo entre los dos protagonistas, a base de golpes, revólveres, fusiles y balas, miradas torvas, frases demoledoras, honradez, inmoralidad, valentía y principios. Con secundarios icónicos de lujo que se mueven como pez en el agua por pedregosos desfiladeros y cabalgan tragando el polvo del camino para llegar a pueblos con nombres tan típicos como Contention. Bienvenidos al salvaje Oeste…

“This town’s gonna burn!”   

Con estas premisas nos vemos abocados al espectáculo. El mayor acierto del film es el enfrentamiento constante entre Evans y Wade / Bale vs. Crowe. Parece que éste último es el mejor parado en la comparativa, ya que su personaje es el más jugoso: un peligroso forajido que parece haber dejado atrás toda moral, pero que se entretiene dibujando un halcón en el desierto justo antes de atracar una diligencia. Los actores suelen decir que los papeles “malvados” son los más jugosos, y aquí Crowe despliega todo su arte haciendo suyo el personaje, con su cinismo e ironía, su mirada peligrosa y su inquietante moral de doble rasero. En todo momento parece controlar la situación a pesar de ser el prisionero al que llevan hacia la horca. Resumiendo: se come a Dan Evans con patatas. O al menos eso parece. Evans es un hombre vencido, torturado por las huellas de su pasado y avergonzado de sus carencias. El espejo que mejor le refleja es su propio hijo de 14 años, William, un muchacho que desprecia la supuesta cobardía de su padre mientras busca a un héroe a quien reverenciar. El hombre honrado que se hunde bajo el peso de las reglas, allí donde la mayor regla es “la ley del más fuerte” versus un frío asesino que coge lo que quiere de la vida y cuando quiere, y que ya parece estar a la vuelta de todo. ¿Podrían llegar a respetarse dos personas tan distintas?

El peligroso camino hacia Yuma pondrá a prueba los principios de estos dos personajes mientras el número de acompañantes se va reduciendo drásticamente, lo quieran ellos o no. Ahí se asienta la fuerza de la película, en la interacción entre estos dos monstruos de la interpretación, sin los cuales perdería todo su atractivo. Pero es que hay más: una ambientación más que correcta sin abusar de paisajes ni efectismos visuales hace que nos zambullamos en el momento y el lugar desde el principio sin pestañear siquiera. También es de resaltar la banda sonora de Marco Beltrami por adentrarnos al instante en la épica del western (su trabajo aquí fue nominado para los Oscars). Y aunque el atractivo principal sean los dos protagonistas, también hay un hueco para la acción bien llevada, que salpimenta el metraje hasta llegar a un arriesgado final que no será del gusto de muchos. Ahí está otra de sus bazas: el transcurso de la película gira en torno a su título: “3:10 to Yuma”, o sea, en Yuma va a pasar algo muy gordo a las 3:10, y el director maneja la expectativa y las amenazas latentes de cada uno de los personajes hasta llegar al final. Poco sabemos de la habilidad de Evans (sólo sus “aventuras” en la guerra de Secesión), aunque algo nos dice que su contención guarda una bomba de relojería.

“Kid, I wouldn’t last five minutes leading an outfit like that if I wasn’t as rotten as hell.”

¿Cuál será el destino de esta pequeña joya? Su retraso en el estreno, la pertenencia a un género que parece olvidado y una ineficaz gestión de marketing (a mi humilde parecer) la relegarán pronto al olvido en las salas de cine. Una pena, por cierto. Merece ser vista en la pantalla grande, y luego adorar a sus actores o renegar del final con entusiasmo a la salida de la sala. De lo mejor del 2.008, sin lugar a dudas.

El Caballero Oscuro (The Dark Knight)

•Septiembre 2, 2008 • Dejar un comentario

 

Bien, empecemos con una de cómics…

A decir verdad, la última criatura de Christopher Nolan en los cines no puede ser etiquetada tan sólo como una de cómics. Es más que eso (sin menospreciar ningún género). Mucho más. Batman es la excusa, el marco para presentarnos un lienzo magnífico lleno de luces, sombras y géneros. Donde la actuación coral de los actores brilla tanto -o más- que el enrevesado guión. En resumen, una pequeña joya que debe ser saboreada con atención.

The Dark Knight comienza donde Batman Begins acabó. La amenaza de la Liga de las Sombras sobre Gotham ha sido aniquilada gracias a la aparición del ángel de la guarda nocturno. Bruce, el riquísimo heredero de Industrias Wayne ha sido absorbido por su álter ego y se ha construido un solitario futuro con los cimientos de un torturado pasado. Conocemos sus motivos, miedos, grandezas y posibilidades así como las personas que le rodean, que aquí repiten vez para deleite de todos nosotros. Cada uno de ellos está tan enrevesado en la trama que acaban siendo imprescindibles.

El punto de partida es el siguiente: todos los maleantes de Gotham conocen a Batman y lo temen. Su alianza con el oficial de policía Gordon está estrechando el círculo sobre las mafias atacándolas allá donde más les duele, al mismo tiempo que una procesión de imitadores que adoran al hombre murciélago le hacen la vida imposible. Hasta ese punto todo va bien. Pero aparece el Joker. Nadie sabe de dónde viene, quién es o cuáles son sus motivaciones, pero con unas cuantas apariciones elegidas enerva a los poderosos y siembra el caos. Sálvese quien pueda.

Este idolatrado personaje, interpretado hasta el más nimio detalle a la perfección por el malogrado Heath Ledger, da la forma principal al film. Nolan acertó plenamente al dar rienda suelta al actor, que con su interpretación desequilibrada y errática, gestual y verbal, crea a un monstruo difícil de superar. No sabemos a qué atenernos cada vez que aparece el Joker, que consigue desconcertar a Batman y convertirse en su más peligrosa némesis poniendo patas arriba el orden establecido; su falta de pretensiones grandilocuentes coge al héroe por sorpresa, que no sabe cómo atrapar al escurridizo payaso. Aquí tenemos un duelo ante el que el protagonista está perdido, pues su oponente carece de toda moral y leyes sociales, y explota la mayor debilidad de Batman.

El espectáculo está servido con el enfrentamiento entre estas dos fuerzas de la naturaleza. Pero es que el asunto no acaba con ellos: El Caballero Oscuro se asienta en varios pilares, y el principal resulta ser Harvey Dent (Aaron Eckhart), el nuevo fiscal del distrito en Gotham. El brillante Harvey parece ser el héroe elegido de la ciudad para librarla de la corrupción y la inseguridad. Es enérgico y nada parece amedrentarle; tan prometedor es en su misión que llama la atención del mismísimo Bruce Wayne, dándole esperanzas de un futuro sin Batman. Que le dispute el amor de Rachel Dawess (Maggie Gyllenhaal) parece ser algo secundario para el protagonista, que no duda en su capacidad de volver a atraer a la única mujer del triángulo. Así dispuestas las piezas, sólo un simple esperaría una historia lineal y sencilla. ¿En serio pensáis que el héroe se llevará a la chica? Habrá que ver que tienen que decir los demás.

El plato está servido. Con estas premisas el no-plan del Joker se despliega atrapando a todos sin remisión. Gracias a un montaje extenuante el director nos introduce en una Gotham más real (por fin con escenas diurnas) y por ello más temible. Batman se apoya en su fiel mayordomo Alfred (Michael Caine) y en Lucius Fox (Morgan Freeman) para llevar a buen puerto sus misiones, recordándonos con heridas por aquí y moratones por allá que es un simple hombre sin super poderes; que las armas con las que cuenta son sus convicciones morales y una férrea voluntad (aparte de los numerosos y caros gadgets, claro está). A su vez el honrado Gordon (grande Gary Oldman, actorazo como la copa de un pino) sirve de puente entre los dos paladines de Gotham, siendo a su vez un personaje con iniciativa y protagonismo, para disfrute de todos.

Las casi dos horas y media de film transcurren ante nuestras narices en una escalada de tensión que pone a prueba nuestros nervios. La banda sonora, que mantiene el leitmotiv de la película anterior, consigue meternos en la cabeza un tic-tac invisible que sube en intensidad, ayudada por un guión en el que los intervalos entre los momentos de acción son cada vez más cortos y repleto de giros que llegan a desconcertar. Los discursos y/o disquisiciones de los personajes son profundos y merecen una sincera atención, pero el endiablado ritmo del último tercio de la película no nos deja reflexionar. No diré que es perfecta, ni que es la mejor película del año, pues quedé tan apabullada que tuve que verla por segunda vez. Pero es grande. Ayudada de los justos efectos especiales para impactarnos visualmente, es una película capaz de moverse entre varios géneros con maestría. Toca verla, pues, con ganas de maravillarse y se convertirá en un espectáculo difícil de olvidar. La noche es más oscura justo antes de amanecer, dice cierto personaje. O algo parecido. Habrá que volver a verla para recordarlo, y esta vez en V.O. “Let’s put an smile on that face, ha, ha, ha”.

http://thedarkknight.warnerbros.com/US_trailer03.html